miércoles, 8 de septiembre de 2010

Yo no quiero un amor civilizado con recibos y escena del sofá.
Yo no quiero que viajes al pasado y vuelvas del mercado con ganas de llorar.
Yo no quiero vecinas con pucheros. Yo no quiero sembrar ni compartir;
Yo no quiero catorce de febrero ni cumpleaños feliz.
Yo no quiero cargar con tus maletas. Yo no quiero que elijas mi champú.
Yo no quiero mudarme de planeta, cortarme la coleta, brindar a tu salud.
Yo no quiero domingos por la tarde;
Yo no quiero columpio en el jardín;
Lo que yo quiero, corazón cobarde, es que mueras por mí.
Y morirme contigo si te matas, y matarme contigo si te mueres, porque el amor cuando no muere mata. Porque amores que matan nunca mueren.
Yo no quiero juntar para mañana, no me pidas llegar a fin de mes!
Yo no quiero comerme una manzana, dos veces por semana, sin ganas de comer.
Yo no quiero calor de invernadero; yo no quiero besar tu cicatriz;
Yo no quiero París con aguacero ni Venecia sin ti.
No me esperes a las doce en el juzgado ni me digas volvamos a empezar;
Yo no quiero ni libre ni ocupado, ni carne ni pecado, ni orgullo ni piedad.
Yo no quiero saber por qué lo hiciste;
yo no quiero contigo ni sin ti;
lo que yo quiero, muchacha de ojos tristes, es que mueras por mí.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Sí, aunque te amaba más que a mi vida misma, aprendí a querer en otras bocas y a saborear el vino amargo de un amor de compañía, ¿que te extraña? tú también lo hacías. ¿Acaso crees que voy a creerte, que por lo menos en tu lejanía me pensaste? ¡Ay! hombre que necio eres al ponerte de rodillas ante alguna que algún día abandonaste.



Con un poquito de alcohol olvidarte.

Con un poquito de alcohol olvidarte.


No te artas de saber que no existo.

No te artas de saber que no existo.
De vez en cuando, no siento mi pulso.