lunes, 6 de septiembre de 2010


Cuando te vayas, llévate un momento cualquiera;
la canción compartida, el primer beso.

Las verdades dudosas, las cotidianas mentiras,
el recuerdo de mi alcoba y la almohada compartida.

El pantalón gris, la memoria, el olvido,
esa mirada, el celular sonando, el triste puente.

El rompecabezas vacío de respuestas,
mi retrato de tonta jugando en el pasto,
el ajedrez interminable que es nuestra vida.

Tu camisa, tu prisa, tu sueño emigrado.

Cuando te vayas, llévate tu papel mal interpretado
y tu piel, que aún me sirve de abrigo.
Pero asegúrate bien esta vez, de no llevarme contigo.

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Sí, aunque te amaba más que a mi vida misma, aprendí a querer en otras bocas y a saborear el vino amargo de un amor de compañía, ¿que te extraña? tú también lo hacías. ¿Acaso crees que voy a creerte, que por lo menos en tu lejanía me pensaste? ¡Ay! hombre que necio eres al ponerte de rodillas ante alguna que algún día abandonaste.



Con un poquito de alcohol olvidarte.

Con un poquito de alcohol olvidarte.


No te artas de saber que no existo.

No te artas de saber que no existo.
De vez en cuando, no siento mi pulso.