sábado, 13 de febrero de 2010

Es una enciclopedia.

El amor es como un vendedor de enciclopedias. Llama a tu puerta & no le abres, pero aunque ignores su presencia sabes que está allí. Y tras varios intentos, sin darte cuenta, ya le tienes dentro de casa, con todos los tomos encima de tu mesa. Y una vez dentro ya no puedes hacer otra cosa que escuchar sus ofertas inigualables. Pues bien, como ya he dicho, el amor viene a ser más o menos lo mismo. Aunque te resistas acabas cayendo. Vas a tientas, despacio, tanteando el terreno, pero cuando te das cuenta ya quieres saltarte las reglas. Quieres gritarle al mundo que tu corazón late por alguien especial, que tu mente trabaja mucho más que antes recordando imágenes que resultan agradables, y que tus ojos tienen un brillo especial que no puede compararse con ningún diamante. Y notas millones de mariposas revoloteando por tu estomago cuando recuerdas su cara, sus gestos, sus palabras. Y te enamoras aun más. Y más. Y más. Y cuando te das cuenta ya has comprado la enciclopedia entera; es decir, ya no puedes dar marcha atrás &fingir que no sientes nada. Si la enciclopedia es tan buena como el vendedor te ha prometido ya no lo sabes; lo que si sabes es que, de momento, es la mejor del mercado. La mejor. Alguna se le parece, pero ella es la más completa y actualizada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Sí, aunque te amaba más que a mi vida misma, aprendí a querer en otras bocas y a saborear el vino amargo de un amor de compañía, ¿que te extraña? tú también lo hacías. ¿Acaso crees que voy a creerte, que por lo menos en tu lejanía me pensaste? ¡Ay! hombre que necio eres al ponerte de rodillas ante alguna que algún día abandonaste.



Con un poquito de alcohol olvidarte.

Con un poquito de alcohol olvidarte.


No te artas de saber que no existo.

No te artas de saber que no existo.
De vez en cuando, no siento mi pulso.